Tics

Qué son

Son movimientos o vocalizaciones involuntarios, repetitivos y rápidos, que imitan determinados movimientos o sonidos (son estereotipados), tales como el parpadeo, rascado, carraspeo, etc. Se incrementan en las situaciones de tensión o de concentración y desaparecen durante el sueño.
Los tics son el trastorno del movimiento más frecuente en la infancia. Se presentan en múltiples formas y son, en general, benignos. Habitualmente son transitorios y desaparecen solos, sin precisar medicación. Sin embargo, en ocasiones, pueden cronificarse y llegar a interferir la actividad habitual del niño, repercutiendo en la dinámica familiar y escolar.

 

Causas

El origen aún no es bien conocido. Hace años se pensaba que la causa era exclusivamente psicológica, pero en la actualidad hay evidencias suficientes para pensar en un factor genético en el origen de los tics, especialmente los crónicos. Estas alteraciones genéticas podrían afectar determinadas zonas del cerebro, así como el funcionamiento normal de los neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten los estímulos entre las neuronas), provocando así la aparición del tic. Los estudios realizados en familias con varios miembros afectados sugieren la intervención de diversos genes (herencia poligénica), así como una influencia decisiva de los factores ambientales en la aparición y mantenimiento de los tics.

 

Síntomas

Según el tipo, pueden ser:

  • Motor simple: Movimiento breve y aislado, como parpadeo o sacudidas de la cabeza.
  • Motor complejo: Movimiento más elaborado y complicado, que puede parecer voluntario, como rascarse o tocar objetos.
  • Fónico simple: Sonidos aislados, sin significado, como tos o carraspeo.
  • Fónico complejo: Vocalizaciones elaboradas, como sílabas o palabras, ecolalia (repetir palabras) o coprolalia (palabras obscenas).

Todos estos tipos de tics pueden presentarse aislados o asociados unos con otros, en forma de tics múltiples.
Según la evolución, los tics se clasifican en transitorios y crónicos:

  • Tic transitorio: Dura menos de doce meses y desaparece espontáneamente, aunque puede repetirse por temporadas.
  • Tic crónico: Dura más de un año y, aunque puede presentar intervalos libres de tics, estos nunca sobrepasan los tres meses. El tipo más importante dentro de este grupo es el trastorno de Tourette.

 

Trastorno de Tourette

Es un trastorno con tics crónicos, múltiples, motores y fónicos, que van variando en tipo e intensidad a lo largo del tiempo. Se inicia antes de los 18 años de edad, y provoca una interferencia importante en las actividades de la vida diaria. Se asocia casi siempre con pensamientos obsesivos y fobias, que obligan al paciente a realizar comportamientos compulsivos (acciones repetitivas y estereotipadas, tales como lavarse las manos repetidamente, recuentos, ordenar objetos, etc.). Además, puede acompañarse de otras alteraciones del ánimo (ansiedad / depresión) y de trastornos del comportamiento y del aprendizaje.
Este síndrome debe ser diagnosticado y controlado por el especialista, y suele necesitar tratamiento farmacológico para controlar los síntomas. No obstante, un alto porcentaje de pacientes presentan una clara mejoría del trastorno con el paso de los años.

 

Diagnóstico

En primer lugar, hay que diferenciar los tics de otros trastornos del movimiento que pueden ser parecidos, por lo que deberá ser el especialista el que confirme el diagnóstico, sobre todo en los tics de larga evolución.
Sólo un pequeño porcentaje de los tics está causado por lesiones cerebrales o enfermedades neurológicas, pero estos pacientes presentan unos síntomas asociados bastante evidentes, que ayudan al neurólogo a realizar el diagnóstico. Pueden confundirse con algunos tipos de crisis epilépticas, aparecer tras un traumatismo craneal, como efectos secundarios de algunos fármacos, tras ciertas enfermedades infecciosas, o en algunos casos de discapacidad psíquica y autismo
Finalmente, hay que considerar que, en ocasiones, los tics crónicos pueden estar asociados a otros procesos, tales como comportamientos obsesivos, ansiedad, depresión, déficit de atención con hiperactividad, trastornos del sueño y dificultades de aprendizaje. Esta patología asociada deberá ser correctamente evaluada y tratada por el neurólogo o el psiquiatra infantil, con el apoyo psicológico y pedagógico necesarios.

 

Tratamiento

Existen diversos fármacos para tratar los tics, pero no siempre es necesario utilizarlos. El tratamiento farmacológico de un niño con tics ha de ser individualizado, y se ha de reservar para los casos en que el tic trastorne, por su forma o intensidad, la actividad diaria del paciente. Además, deberá ser limitado en el tiempo, y retirarse tan pronto como se observe un control eficaz de los síntomas. Se ha de tener en cuenta que los medicamentos no curan los tics, tan sólo los controlan, y que muchos tics desaparecen espontáneamente tras cierto tiempo de evolución. Entre los fármacos más utilizados destacan la clonidina, el haloperidol, la pimocida, la risperidona, la fluoxetina y la paroxetina. Todos estos tratamientos han de ser indicados y controlados por el neurólogo o el psiquiatra, mediante visitas frecuentes, sobretodo cuando se modifican las pautas. Siempre se inicia el tratamiento con dosis bajas, que se van aumentando progresivamente según la respuesta y la tolerancia. Cuando se alcanza un control aceptable de los tics (cuando no interfieren en la actividad habitual), se mantienen un tiempo prudencial y se inicia la retirada progresiva, vigilando la reaparición de los síntomas.
Por otro lado, el tratamiento farmacológico debe estar siempre acompañado por la información / educación del niño, familiares y profesores. En muchas ocasiones, es necesario el apoyo y tratamiento psicológico a fin de identificar y solucionar las causas desencadenantes del tic. Si esto no es posible, se intenta minimizar las consecuencias del mismo sobre la conducta del niño, especialmente en los casos de tic crónico.

 

Prevención / Consejos

En primer lugar, no hay que culpabilizar al niño. El paciente con tics no los puede evitar y no los hace a propósito, aunque el tic sea ruidoso o socialmente molesto. No sirve de nada prohibir que el niño haga tics porque no los puede controlar. Esta conducta provocará paradójicamente un aumento de los mismos, porque se incrementa el nivel de tensión sobre el niño y la ansiedad que éste siente.
Hay que observar la evolución de los tics, si empeoran o mejoran con el tiempo, pero sin que el pequeño se sienta constantemente observado. También se ha de intentar averiguar si existe algún problema de ansiedad en el niño, interrogándole a él, a sus padres y a sus profesores. Si el paciente está preocupado por los tics, se le debe tranquilizar, informándole sobre la naturaleza benigna y transitoria de los mismos.
Para prevenir la aparición y la cronificación de los tics se debe intentar evitar los factores estresantes: programar adecuadamente las tareas escolares, regular los horarios de sueño, evitar la programación de TV no adecuada, así como el abuso de videojuegos, móviles, etc.