Los viajes y los niños

Ya a nadie se le escapa que el auge de las comunicaciones aéreas, y muy especialmente la irrupción de las llamadas líneas aéreas de bajo coste, ha generado en las últimas décadas un aumento considerable de los viajes, ya sea por negocios, educación u otros propósitos, pero especialmente por turismo, muy a menudo familiar. Esto ha generado un sinnúmero de situaciones y dificultades no conocidas hasta entonces, y a las que están cada vez más expuestas las familias que viajan.

Estos factores contribuyen a exponer a un gran número de personas a riesgos de contraer enfermedades, que de otra forma no tendrían.

La tan «mediática» globalización, habitualmente social, cultural, política y económica, debe incorporar hoy, más que nunca, la connotación epidemiológica sanitaria. A modo de ejemplo, aunque simple pero muy molesto por el número de pacientes afectos, las picadas debidas al llamado mosquito tigre, en auge por nuestras latitudes, constituyen un ejemplo de la globalización en lo que atañe a enfermedades, en este caso importadas.

Cada año, 2.000 millones de personas viajan en las aerolíneas de todo el mundo. De este impresionante número, 50 millones lo hacen desde los países industrializados y un destino habitual son las zonas y los países que todavía están en vías de desarrollo. El riesgo cobra más relevancia cuanto mayor es la diferencia entre el modo de vida habitual, el lugar del destino y la duración del viaje. Es obvio que aquellos que viajan a un destino turístico, se hospedan en hoteles internacionales provistos de las comodidades habituales en sus países —especialmente su alimentación— y se desplazan en modernos autobuses y medios de transporte seguros corren escasos riesgos.

No obstante, un gran número de turistas padecen enfermedades y lesiones diversas, en ocasiones por falta de información y protección. A modo de ejemplo, se cree que entre el 40 y el 50 % de ellos sufre la diarrea del viajero, generalmente benigna aunque muy aparatosa y molesta, pero que en los más pequeños resulta potencialmente peligrosa debido al riesgo de deshidratación.

Consejos básicos

· Cuando existen afecciones previas (asma, intolerancias o alergias alimentarias, diabetes, alergias medicamentosas, etc.) que necesiten cuidados especiales, se deberán recibir los consejos oportunos por parte del pediatra y/o especialista; en ocasiones es útil llevar un informe médico con un resumen de la medicación y la pauta de actuación en descompensaciones y situaciones de urgencia.
· La familia debe ser alertada sobre la provisión necesaria de los medicamentos que utiliza; deben ser suficientes para el tratamiento hasta el último día del viaje y, por lo tanto, hay que prever retrasos imprevistos y extravíos.
· Conviene conservar la medicación en los envases originales; se evitará así la posibilidad de conflictos con las autoridades.
· Si usa gafas o lentes de contacto (no usar agua del grifo para su limpieza), hay que recomendarle que lleve otras de recambio y una copia de la prescripción del oftalmólogo.
· Si viaja por Europa, especialmente a países de la Unión Europea, no olvide la tarjeta sanitaria, la cual es suficiente para utilizar la red sanitaria pública en caso de emergencia o urgencia. Sin embargo, es más seguro tramitar la tarjeta sanitaria europea, que puede adquirirse en el centro de la Seguridad Social que corresponda por el distrito (es importante recordar que tiene un año de caducidad y que no es válida de un año para el siguiente). Para el resto de países, es útil conocer los nombres de centros médicos donde el paciente pueda acudir en las ciudades que visitará. Existen seguros de atención médica a través de distintas organizaciones médicas (aseguradoras) y de tarjetas de crédito. En el consulado o en la embajada de su país podrán ayudar a las familias a encontrar un médico de confianza.
· Una fotocopia del carné vacunal de los niños puede ser de utilidad, especialmente para evitar la repetición innecesaria de algunas vacunas (como la antitetánica).
· Es imprescindible conectarse a la página web del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (www.maec.es). En ella encontrará toda la información necesaria acerca del país que se va a visitar. Es totalmente imprescindible «hacer clic» sobre los enlaces «Situación sanitaria mundial por países» y «Centros de vacunación internacional» por provincias en toda España para obtener la información fidedigna y detallada de vacunas obligatorias, vacunas aconsejadas y niveles de protección para posibles pandemias/epidemias, como, por ejemplo, el paludismo. A este respecto, existen servicios hospitalarios específicos para estos temas en hospitales infantiles.

Botiquín

Como es lógico, es muy oportuno preparar un botiquín con elementos esenciales para ser utilizados durante el viaje:

· Analgésicos y antipiréticos: paracetamol (oral y vía rectal) e ibuprofeno solución.
· Antihistamínicos orales, hidroxicina, difenhidramina, etc., que pueden prevenir reacciones alérgicas y disminuir los efectos locales de las picaduras de insectos, aunque se debe tener en cuenta que pueden producir somnolencia.
· Factor de protección solar 15 o 30 aplicado unos 30 minutos antes de la exposición solar. Para aliviar posibles quemaduras solares se puede utilizar una crema de corticoides.
· Sales de rehidratación oral a preparar con agua hervida o embotellada en casos de diarrea del viajero.
· Repelente de mosquitos pediátrico, esencial para viajes a países tropicales. 
· Desinfectantes tópicos de uso externo, como la povidona yodada (Betadine®, Topionic®), para las heridas. Útil no olvidar las imprescindibles tiritas, y preferiblemente del tipo sutura dérmica superficial, tipo Steri-srip, para pequeños cortes superficiales. Una venda elástica para torceduras y esguinces.
· En casos de predisposición a los mareos se recomienda llevar dimenhidrinato.
· Son útiles, asimismo, pinzas para extraer ocasionales aguijones o cuerpos extraños.

Situaciones específicas

Muy esquemáticamente, las situaciones de prevención médica más frecuentes que podremos encontrarnos en un viaje suelen ser las siguientes:

· Embarazo y amamantamiento: aunque viajar durante la gestación no es aconsejable, no está contraindicado. El viaje en avión suele imponer restricciones después de la semana 35 y después del posparto hasta la primera semana. Se desaconseja el viaje en situaciones como alturas superiores a los 2.500 metros, regiones con endemias o con brotes de infecciones transmitidas por insectos o por alimentos, zonas donde el Plasmodium falciparum resistente a la cloroquina es endémico, y zonas donde se recomienda vacuna con virus vivos, como, por ejemplo, para la fiebre amarilla. La lactancia materna proporciona, entre otras ventajas, una protección adicional frente a las infecciones, especialmente la diarrea, al mismo tiempo que no existe la preocupación por la esterilización de los biberones y la disponibilidad de agua potable. Cuando deba agregarse una fórmula suplementaria en polvo, se debe preparar con agua hervida o embotellada, previa esterilización del biberón y de la tetina. Como se ha dicho, el amamantamiento ayuda a disminuir la incidencia de la diarrea del viajero en los bebés. Si la madre la padeciera, debe aumentar la ingestión de líquidos y sales de rehidratación oral y continuar amamantando a su bebé.
· Barotitis: es una lesión del oído medio producida por los cambios de presión atmosférica, en este caso, de la cabina del avión. Cuando se produce un aumento brusco de la presión ambiental, como ocurre en los descensos, el aire debe desplazarse del oído medio a la nasofaringe para equilibrar las presiones a ambos lados del tímpano. Si la trompa de Eustaquio se encuentra obstruida (resfriados, alergias), se produce una disminución de la presión del oído medio, con la consiguiente retracción del tímpano; en ocasiones puede producirse una rotura del tímpano con hemorragia en el oído interno y dolor intenso. Los adultos pueden equilibrar las presiones masticando chicle, tragando saliva o bostezando. En bebés, este problema puede obviarse dando de mamar al niño o dándole el biberón, especialmente al despegar y en el descenso/aterrizaje. Se entiende, así, lo conveniente que es para los niños viajar sin el habitual resfriado nasal. Otro aspecto a considerar en los viajes en avión es que la mayoría de las compañías aéreas permiten a sus pasajeros llevar sus cochecitos de niño en los armarios de las prendas, pero es conveniente informarse previamente.
· Diarrea del viajero: entre el 40 y el 60 % de los viajeros con destino a países en vías de desarrollo acabará sufriendo diarrea, causada por una bacteria, un virus o un parásito endémico del agua del lugar, y que se caracteriza por tres o más deposiciones líquidas o pastosas; a veces se agrega dolor cólico abdominal, fiebre o la presencia de sangre en las heces, signos que demuestran el origen infeccioso del cuadro. Para prevenir este problema, las medidas más eficaces son: lavarse rigurosamente las manos con agua y jabón; beber únicamente agua hervida, embotellada o bebidas carbonatadas en latas (no olvidar limpiar la lata personalmente) o botellas y evitar hacerlo directamente de ellas y no agregarles hielo, a menos que se elabore con agua hervida o enlatada; no beber agua de los grifos, ni cepillarse los dientes con ella, y tampoco de las fuentes; cocer los alimentos y pelar por uno mismo las frutas y los vegetales, e ingerir los productos solo cuando exista la certeza de una correcta pasteurización. Si a pesar de estas medidas la diarrea aparece en nuestros pequeños, se aplicarán de entrada las medidas habituales terapéuticas para las gastroenteritis: rehidratación oral con sueros de hidratación oral (fraccionada si hay vómitos) y realimentación con dieta astringente. Habrá que recurrir al médico si la diarrea es copiosa, se acompaña de deposiciones con sangre o fiebre alta o cuando es imposible mantener la hidratación adecuada.

 

 

Trabajo elaborado en Mayo del 2007