El resfriado común

Los resfriados comunes, también nombrados por los pediatras como «cuadros catarrales de vías altas» o también «rinofaringitis», son la enfermedad más frecuente del ser humano (en los niños ocasiona hasta el 35 % del absentismo escolar), y se caracteriza por ocasionar una inflamación aguda de la mucosa nasal y de la región nasofaríngea.

· ¿Cómo es que hoy en día cogen tantos resfriados nuestros hijos?
· ¿Cuál es la frecuencia «normal» de los resfriados?
· ¿Qué lo favorece?
· ¿Cuáles son los virus más frecuentes?
· ¿Cuáles son los síntomas más habituales que presentan los niños resfriados?
· ¿Cuáles son los tratamientos que podemos poner en marcha contra el resfriado?
· ¿Se puede prevenir de alguna manera real la incidencia de los resfriados?

¿Por qué nuestros hijos cogen tantos resfriados?

Con la incorporación de las madres al mercado de trabajo, fuera de casa, los padres cada vez más, precisan de confiar el cuidado de sus hijos en edad preescolar (menores de 3 – 4 años) a terceras personas.

Este hecho origina el hecho social de las escuelas infantiles, lugar en donde se establece el agrupamiento y convivencia de los niños durante unas 4 a 8 horas diarias. Entre la diversidad de procesos que afectan a los niños que acuden a las guarderías (alimenticios, psicoafectivos, infecciosos, etc…), el resfriado común ocupa el primer lugar en frecuencia, tan habitual, que comienza a generalizarse la calificación de «resfriados o constipados de guardería».

La más elemental de las lógicas sanitarias aconsejaría que frente a una enfermedad infectocontagiosa el procedimiento tendría que ser el aislamiento del enfermo, y precisamente, en las guarderías infantiles se da el fenómeno contrario.

Es justo reconocer el apuro que supone para muchos padres el faltar al trabajo más de 1 ó 2 días seguidos y, sobre todo, cuando esta ausencia laboral se repite a menudo, lo cual condiciona -sin lugar a dudas- que niños con procesos agudos catarrales, muy posiblemente infecciosos, tengan que acudir a la guardería con estos procesos en plena actividad, colaborando a auténticas epidemias.

¿Cuál es la frecuencia «normal» de los resfriados?

Por lo comentado anteriormente, la frecuencia que se considera como normal es de 6 a 8 episodios por año (para algunos pediatras más: ¡hasta 12!), durante los primeros 4 a 5 años de vida. Por alguna razón será que se haya considerado a los niños pequeños, desde siempre como «mocosos»…

¿Qué lo favorece?

Otros factores que condicionan la elevada prevalencia de los resfriados a esta edad son:

· La edad: al ser más pequeños los niños que asisten a las guarderías, su inmadurez inmunológica favorece los contagios
· La gran proximidad física en el trato entre ellos
· Utilización continúa de objetos contaminados: los mismos juguetes, instrumental, etc…
· Falta de higiene del personal que cuida de los niños: aunque probablemente la vía de contagio principal es la aérea (los virus ingresan en el niño vía respiratoria con la tos de otra persona) cada vez se da más importancia (de hecho, se ha demostrado científicamente) a las manos como vehículo de transmisión: hoy sabemos que el lavado de manos es probablemente la mejor manera para no propagar la enfermedad.
· Locales insuficientemente ventilados y de superficie pequeña: las gotitas respiratorias se hallan continuamente flotando por el ambiente.
· Control poco estricto del estado de salud del niño cuando acude a la guardería

¿Cuáles son los virus más frecuentes?

El resfriado común es causado por una gran variedad de virus: 
Sólo de los rinovirus, causantes de cerca del 30 % de los resfriados hay más de 100 tipos; entre los agentes más habituales también encontramos a los parainfluenza (hasta 4 tipos, alguno de los que, además, son los causantes de las epidemias de aquella tos de «perro» nocturna, laríngea, -crup- tan pesada para los niños y padres.), coronavirus (con numerosos tipos diferentes) y el virus sincitial respiratorio (también conocido por VRS), causante de no pocas complicaciones traqueo-bronquiales, como las bronquiolitis y alguna neumonía).

Más raramente nos encontraremos virus como los adenovirus (causan resfriados con grandes fiebres y alteraciones en los análisis de laboratorio), enterovirus (coxsackie, echovirus), reovirus (rotavirus), influenza virus (A, B y C, causantes de las epidemias de gripe).

También se tiene que decir que algunas bacterias, aunque raramente, como los neumococos, mycoplasmas y haemophilus influenza se hallan implicados, lo cual tendrá que ser detectado convenientemente por vuestro pediatra para evitar complicaciones no deseadas.

¿Cuáles son los síntomas más habituales que presentan los niños resfriados?

· La obstrucción nasal típica de los resfriados puede ocasionar en los más pequeños dificultades tanto para comer como para dormir, respiración bucal, estornudos, tos productiva e intranquilidad.

· Habitualmente es la fiebre la que hace decidir a los padres a consultar con el pediatra. Pocas veces es superior a 38.5º C y suele ir acompañada de malestar general.

· Rinorrea, eso es, moco nasal, a menudo abundante, primero claro y líquido y posteriormente más espeso y amarillento. La mucosa nasal aparece enrojecida y tumefacta.

· A menudo encontramos eritema faríngeo y moco como una cortina en la parte posterior de la faringe.

· Son habituales las adenopatias o ganglios submaxiliares y cervicales.

· Puede aparecer tos irritativa, que puede durar hasta 7 a 8 días desde el inicio del cuadro.

· Algunos casos, sobre todo cuando se deben a rotavirus, el cuadro se acompaña de síntomas digestivos como vómitos y diarrea.

Con respecto a la evolución, los episodios suelen ser banales y autolimitados, si no aparecen complicaciones (las más frecuentes son las temidas otitis medias, las traqueobronquitis, bronquiolitis en los más pequeños, y más raramente las neumonías y, en niños más grandes las sinusitis).

¿Cuáles son los tratamientos que podemos poner en marcha contra el resfriado?

El resfriado común no es un problema diagnóstico para el pediatra, pero el tratamiento puede ser problemático.

Por el hecho de ser un proceso autolimitado, eso es, que se cura solo, el tratamiento tendría que ser -como decimos los pediatras- sintomático, es decir, ir a minimizar los síntomas. Entre los tratamientos más utilizados encontramos:

· Es importante mantener una buena hidratación mediante la administración de agua, y cuando sea más mayorcito zumos de frutas naturales.

· No están indicados los antibióticos, a no ser que presenten alguna de las complicaciones antes mencionadas

· Antitérmicos (habitualmente paracetamol o ibuprofeno) cuando la fiebre sea alta y el niño esté quejoso y con malestar.

· Si aparece tos irritativa, no productiva, que altera el sueño del niño pueden recomendarse antitusígenos (contra la tos). De todos modos, es preciso hacer comprender que la tos es un mecanismo de defensa útil para el mantenimiento de la limpieza del árbol respiratorio, que es preciso respetar en la mayoría de los casos.
De hecho, la tos es como el «perro guardián» de los pulmones, protegiéndolos contra intrusos peligrosos o enemigos internos como las mucosidades. Consecuentemente, la tos sirve para proteger nuestras vías respiratorias manteniéndolas aclaradas para que podamos respirar.

· Lavados nasales con suero fisiológico o agua marina que puede acompañarse de posterior aspiración con una pera de goma o alguno de los utensilios diseñados modernamente para la aspiración de mucosidades. Es aconsejable que se realice con un «gotero» o jeringuilla, pero nunca a presión ya que si se proyecta con demasiada fuerza el suero puede lesionar la trompa de Eustaquio (o tuba faringo-timpánica), lo cual puede ocasionar dolor e incluso otitis como complicación.
Muy raramente es preciso recorrer a gotas nasales que contengan vasoconstrictores suaves (como la fenilefrina), sin corticoides, antibióticos o sustancias aceitosas.

· En niños no se ha demostrado ningún efecto beneficioso de los antihistamínicos, por lo que no están indicados a esta edad. Por lo mismo, los mucolíticos han sido más una medicación denominada de complacencia, que no tiene un efecto clínico demostrado, y por desgracia, no se hallan exentas de alguna complicación, como diarreas.

· En ningún caso es aconsejable alargar el tratamiento de un resfriado no complicado más de 7 días.

· La humidificación ambiental, mediante un vaporizador o cualquier otra fuente de humedad, para evitar el resecamiento de las mucosas puede ser útil, pero no es aconsejado en niños que presentan reacciones asmáticas o de hiperreactividad bronquial ya que puede provocar broncoespasmo.

Es importante recordar que la nariz realiza tres funciones muy importantes para el árbol respiratorio, como son: filtrar, calentar y humidificar el aire que se respira; por tanto, si el niño tiene la nariz obstruida por mucosidades, y no puede realizar correctamente ninguno de estas tres funciones, al menos con el vaporizador se calienta y humidifica el aire. Es preciso prevenir, pero, que el humidificador no recaliente demasiado el ambiente, lo cual podría resultar perjudicial para la criatura (p.e. mantener el vaporizador encendido un máximo de una hora y media seguida, y con la puerta de la habitación medio abierta).

· Es aconsejable el lavado frecuente de manos y evitar el contacto de los dedos con la nariz o los ojos, para disminuir las posiblidades de contagio.

¿Se puede prevenir de alguna manera real la incidencia de los resfriados?

Desgraciadamente no hay, hoy por hoy, ningún tratamiento que haya demostrado científicamente alguna eficacia contrastada para prevenir los resfriados (como ya hemos comentado, hay cientos de virus implicados).

Tan solo se puede realizar una profilaxis sobre el ambiente de las escuelas, que se puede resumir en las siguientes recomendaciones:

· Amplitud y ventilación referente a las clases.
· Lavabos cómodos para cubrir las maniobras de higiene, especialmente lavabos numerosos para recordar e incitar a los niños y, más aún, al personal que tiene el cuidado, de la necesidad del lavado de manos más frecuente. Así, un estudio hecho en una guardería, demostró que el control del personal sobre el lavado de manos y la técnica aséptica en el momento de sonar la nariz disminuyó un 17 % la infección de vías aéreas.
· Lavado frecuente juguetes, chupetes, así como intentar evitar el intercambio mutuo, lo cual, en criaturas de esta edad suele ser misión imposible.
· Higiene muy estricta en el manejo de los pañales.
· Higiene más controlada sobre la manipulación de alimentos.
· Zonas de aislamiento para niños que presenten síntomas de enfermedad contagiosa en el decurso de su estancia

 

Revisado y actualizado en agosto de 2016